CRÍTICA A LA ESTRATEGIA DE LA SEP
PEDRO FLORES-CRESPO
A Alessandro e Indra
Con el fin de “informar” y sensibilizar a las y los docentes, para que, en conjunto con padres y madres de familia, lleven a cabo acciones que eviten que el estudiantado inicie el consumo de drogas, la SEP presentó la Estrategia en el Aula: Prevención de Adicciones.
Es un esfuerzo intersectorial ya que involucra a la Secretaría de Salud, focalizado en los niveles de secundaria y bachillerato, y orientado a prevenir. Para ello, se diseñaron carteles que estarán pegados en las escuelas, videos informativos, un repositorio digital y la guía para docentes “Si te drogas, te dañas”. Este documento propone ocho actividades que las y los maestros pueden realizar por alrededor de 15 minutos en el aula y lo deberán hacer “por lo menos” tres días a la semana hasta que concluya el ciclo escolar (Boletín 71).
Pese a la ignorancia presidencial de asumir que en nuestro país el consumo de drogas “no ha crecido mucho” porque tenemos “valores culturales, morales, espirituales” que nos protegen, la realidad es muy distinta: el consumo de cualquier de estas sustancias aumentó significativamente para los grupos de edad de 12 a 17 y de 18 a 34 años. Esto muestra la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017 que comparó sus datos con aquellos presentados en la Encodat de 2011.
Por lo tanto, es loable que la SEP se ocupe de un tema como éste y trate de involucrarnos. Algunas críticas que se le pueden hacer a la Estrategia con el ánimo de mejorarla, son las siguientes:
En primer lugar, la guía pareciera que está presentando un tema totalmente nuevo para los educandos y las comunidades escolares. ¿No conocerán las y los jóvenes todas esas sustancias y más? Si bien es importante resaltar los efectos que éstas causan, la SEP parte de no reconocer las diversas situaciones relacionadas con el mundo de las drogas que las escuelas pueden enfrentar. Esto le podría restar interés a los ejercicios prácticos en el aula, aunque bien lo señalaron las autoridades educativas: hay flexibilidad para cambiar o sustituir lo sugerido en la guía.
Segundo, tengo la impresión que es una Estrategia dentro de los clásicos cánones de prevención del área de la salud, pero no advierto el componente pedagógico o educativo. ¿Cómo un adolescente podría modificar una conducta a partir de lo que aprende? Con esta estrategia perdemos la oportunidad de promover la formación del “juicio ético” en los adolescentes y jóvenes y su relación con la toma de decisiones. Por otro lado, mientras la propuesta del “nuevo” plan de estudio considera a la comunidad como el “eje” articulador para la enseñanza, esta estrategia se centra en ejercicios informativos -y débilmente reflexivos- dentro del aula.
Tercero, un acierto de la Estrategia es que parece no dejar solos a los maestros. Cada semana, dicen, “se contará con sesiones digitales de acompañamiento para las y los docentes, impartidas por especialistas de la Secretaría de Salud”. No obstante, las dudas que resolverán serán sobre “los temas de la guía” y no sobre cuestiones más complejas que las comunidades pueden estar realmente enfrentando. ¿Cómo detectar a un muchacho que puede estar consumiendo drogas? ¿Qué responsabilidades, ante esto, deben asumir la comunidad escolar y la autoridad educativa para cuidar su trayectoria escolar y prevenir? El componente intersectorial de la estrategia debe ser revisado.