LIDERAZGO DISTRIBUIDO E INNOVACIÓN EN LA EDUCACIÓN MEXICANA: UN ENFOQUE IMPRESCINDIBLE PARA LA FORMACIÓN DE LÍDERES ESCOLARES
DRA. CLAUDIA NAVARRO-CORONA
Hace más de una década, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) presentó el informe “Mejorar las Escuelas”, un documento conciso que ofrecía estrategias para la acción en México. En este informe, se formularon recomendaciones y se delinearon directrices con el propósito de transformar el sistema educativo. El enfoque central de estas recomendaciones era colocar el éxito de las escuelas y los estudiantes mexicanos en el epicentro del diseño de la política educativa. En consecuencia, se generaron estrategias que se centraron en dos pilares fundamentales del sistema: la función docente y la función directiva.
En lo que respecta a la función docente, se planteó la necesidad de establecer estándares de práctica claros, garantizar programas de formación inicial, atraer a candidatos de mayor calidad y profesionalizar el proceso de selección de aspirantes. Estas directrices dieron lugar a transformaciones en la política educativa que alteraron los procesos de ingreso y promoción en la carrera docente. Sin embargo, estas reformas se llevaron a cabo con premura y sin un análisis exhaustivo, lo que suscitó resistencia tanto por parte del magisterio como de expertos en el campo educativo (OCDE, 2010).
En cuanto a la función directiva, las recomendaciones se centraron en redefinir el liderazgo, buscar la excelencia, consolidar el papel de los directores escolares, ofrecer formación continua, aumentar la autonomía y fomentar fuentes de financiamiento estables que se adaptaran a las necesidades de los contextos escolares. Los informes posteriores publicados por la OCDE indicaron una evolución progresiva en las expectativas con respecto al liderazgo escolar. Se puso menos énfasis en el liderazgo meramente instructivo y más en un liderazgo inclusivo, colaborativo y con distribución de poder (OCDE, 2008; Stoll y Temperley, 2011).
La pregunta que surge es cómo formar a los directivos educativos para que desarrollen liderazgos más distribuidos, como propusieron Stoll y Temperley (2011). La formación de directivos educativos colaborativos requiere una transformación en los modelos de formación, orientándolos hacia el fortalecimiento de equipos directivos que trabajen en la resolución de situaciones contextualizadas, superando la formación individualizada, que a menudo se desarrolla fuera de la escuela y se limita a la transmisión de actualizaciones curriculares mediante la estrategia de cascadeo.
Los cambios recientes y las transformaciones en los materiales educativos y los programas sintéticos, asi como la ausencia de propuestas robustas para la formación de los lideres de la educación reafirman la necesidad de retomar el fortalecimiento de la función directiva y de cultivar en estos importantes actores las habilidades de liderar desde lo colectivo, con inclusión y colaborativamente. En efecto, como algunas voces aseguran, coincido en que el uso de los nuevos libros de texto será una oportunidad valiosa para la intervenión profesional de profesores y directivos; más aún, considero que superar la limitantes señaladas en estos materiales por los especialistas traerá nuevos retos profesionales a docentes y directivos.
Afrontar esta demanda aunada a los retos postpandemia requiere que los líderes de las escuelas vean cumplida la añeja promesa de disminuir su burocracia y contar con mayor libertad profesional y de proponer nuevos esquemas de formación colectivos, innovadores y basados en los retos de cada contexto escolar.
Referencias
OCDE (2010). Mejorar las escuelas. Estrategias para la Acción en México, OCDE, París.
Stoll, L. y Tempery, J. (2011). Mejorar el liderazgo escolar Herramientas de trabajo. París: OCDE.
Schools, S. (2008). Improving School Leadership, Volume 2 Case Studies on System Leadership: Case Studies on System Leadership. Nueva York: OECD publishing.